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Desarrollo infantil de 0 a 6 años: etapas, hitos y señales de alerta
¿Te has preguntado alguna vez si tu hijo se está desarrollando “como debería”?
Es una duda muy habitual.
Empieza a caminar más tarde que otro niño. Habla menos que su primo. Parece más tímido. No le interesa todavía escribir su nombre. O hace cosas que otros niños de su edad aún no hacen.
Y entonces empiezan las comparaciones.
El problema es que el desarrollo infantil de 0 a 6 años no funciona como una carrera en la que todos los niños tienen que alcanzar exactamente la misma meta el mismo día.
Hay referencias.
Hay habilidades que suelen aparecer en determinados periodos.
Y también existen señales que merece la pena consultar con un profesional.
Pero dentro de todo eso existe bastante variabilidad.
Esta guía pretende ayudarte a entender las principales etapas del desarrollo infantil, qué cambios suelen aparecer con la edad y cómo podemos acompañarlos sin intentar acelerar constantemente el proceso.
¿Qué es el desarrollo infantil?
El desarrollo infantil es el proceso mediante el cual un niño va adquiriendo capacidades físicas, cognitivas, lingüísticas, sociales y emocionales.
Y todas esas áreas se relacionan entre sí.
Aprender a caminar permite explorar lugares nuevos.
Explorar genera oportunidades para descubrir objetos.
Esos descubrimientos pueden generar nuevas palabras.
Y las nuevas palabras permiten relacionarse mejor con los demás.
Por eso el desarrollo no debería entenderse como una lista aislada de habilidades.
La Organización Mundial de la Salud incluye dentro del desarrollo infantil aspectos como la salud, la nutrición, la seguridad, el cuidado sensible por parte de los adultos y las oportunidades de aprendizaje desde los primeros años.
El niño se desarrolla dentro de una relación y de un entorno.
No únicamente porque haya cumplido una determinada edad.
Las cuatro grandes áreas del desarrollo infantil
Para entender mejor el proceso podemos dividirlo en diferentes áreas.
Desarrollo motor
Incluye tanto la motricidad gruesa como la fina.
La motricidad gruesa está relacionada con movimientos amplios del cuerpo:
-
mantener la cabeza;
-
sentarse;
-
caminar;
-
correr;
-
saltar;
-
mantener el equilibrio.
La motricidad fina requiere movimientos más precisos:
-
coger objetos;
-
utilizar una cuchara;
-
pasar páginas;
-
construir con piezas;
-
dibujar;
-
utilizar determinados utensilios.
Ambas evolucionan progresivamente y permiten que el niño gane autonomía.
Desarrollo del lenguaje
El lenguaje comienza mucho antes de las primeras palabras.
Un bebé observa caras.
Escucha voces.
Responde a sonidos.
Balbucea.
Señala.
Utiliza gestos.
Comprende palabras antes de ser capaz de pronunciarlas.
Después aparecen las primeras palabras, las combinaciones y unas frases cada vez más complejas.
Hablar con los niños, responder a sus intentos de comunicación, cantar y leer juntos son actividades cotidianas muy valiosas.
UNICEF considera precisamente la comunicación y el juego entre el cuidador y el niño parte importante del cuidado que favorece el desarrollo temprano.
Desarrollo cognitivo
Tiene que ver con la manera en la que el niño comprende, recuerda, relaciona información y resuelve pequeños problemas.
Por ejemplo:
Buscar un objeto que ha desaparecido.
Descubrir cómo encajar una pieza.
Clasificar.
Imitar una acción.
Comprender cantidades.
Recordar una canción.
Inventar una historia.
El desarrollo cognitivo ocurre constantemente durante el juego y la vida cotidiana.
Desarrollo social y emocional
Aquí encontramos capacidades como:
-
reconocer a las personas cercanas;
-
relacionarse;
-
expresar emociones;
-
comprender progresivamente emociones ajenas;
-
esperar;
-
compartir;
-
tolerar frustraciones;
-
participar en juegos con otros niños.
Es un proceso largo.
Un niño pequeño no nace sabiendo controlar el enfado.
Necesita años para desarrollar herramientas de autorregulación.
Y necesita adultos que le acompañen durante ese aprendizaje.
Cada niño tiene su propio ritmo, pero eso no significa que todo dé igual
Esta frase necesita matices.
“Cada niño tiene su ritmo” es verdad.
Pero no significa que cualquier diferencia deba ignorarse indefinidamente.
Los hitos del desarrollo sirven precisamente como referencias.
Nos ayudan a observar si determinadas habilidades aparecen dentro de periodos habituales.
No son un examen.
Tampoco deberían utilizarse para comparar hermanos o compañeros.
Un niño puede caminar antes y hablar después.
Otro puede mostrar muchísimo interés por el lenguaje y necesitar más tiempo con determinadas habilidades motoras.
Incluso dos hermanos criados en la misma casa pueden desarrollarse de manera bastante diferente.
Lo importante es observar la evolución global.
¿Está adquiriendo nuevas capacidades?
¿Se comunica cada vez mejor?
¿Explora?
¿Interactúa?
¿Existe una progresión?
Cuando tenemos dudas, consultar con el pediatra es mucho más útil que comparar con otros niños.
Desarrollo de 0 a 12 meses
El primer año está lleno de cambios.
Un bebé pasa de depender prácticamente por completo del adulto a comenzar a desplazarse, comunicarse y explorar activamente su entorno.
Desarrollo motor durante el primer año
Durante los primeros meses mejora progresivamente el control de la cabeza y del tronco.
Después aparecen capacidades como alcanzar objetos, girarse, sentarse con mayor estabilidad y buscar distintas formas de desplazamiento.
Algunos bebés gatean.
Otros se desplazan sentados.
Otros prácticamente pasan de estar sentados a caminar.
El gateo puede ser una etapa muy útil de exploración, pero no todos los niños siguen exactamente la misma secuencia.
Lenguaje y comunicación
Durante este periodo el bebé presta cada vez más atención a las voces.
Aparecen sonrisas sociales, sonidos, balbuceos y respuestas a la interacción.
Más adelante utilizará gestos, mirará hacia determinados objetos o personas y empezará a comprender algunas palabras habituales.
Podemos ayudar de una forma muy sencilla:
hablando.
Narrar lo que hacemos.
Responder a sus sonidos.
Cantar.
Mirarle cuando intenta comunicarse.
No necesitamos convertir cada momento en una clase.
La conversación cotidiana ya ofrece enormes oportunidades.
Desarrollo emocional
Durante este primer año se fortalecen los vínculos con las personas que le cuidan habitualmente.
El bebé aprende que determinados adultos responden cuando tiene hambre, sueño, miedo o necesita contacto.
Esta respuesta sensible y constante forma parte de lo que la OMS denomina cuidado receptivo.
No significa responder de una forma perfecta cada vez.
Significa observar las señales del bebé e intentar responder de forma adecuada.
¿Cómo podemos acompañar esta etapa?
Con algo bastante sencillo:
suelo seguro para moverse.
Objetos adecuados para explorar.
Conversación.
Contacto.
Juego.
Y tiempo.
No hace falta llenar la casa de juguetes sofisticados.
Desarrollo de 1 a 2 años
Aquí empieza una etapa especialmente intensa.
El niño se mueve más.
Quiere tocarlo todo.
Empieza a intentar hacer muchas cosas solo.
Y su capacidad para explorar crece mucho más rápido que su capacidad para valorar peligros.
Desarrollo motor de 1 a 2 años
Muchos niños comienzan a caminar de forma independiente alrededor de esta etapa y progresivamente adquieren mayor seguridad.
Después llegan nuevos retos:
agacharse.
levantarse.
transportar objetos.
subir pequeñas alturas.
empujar.
arrastrar.
Cada movimiento es una oportunidad de aprendizaje.
Desarrollo del lenguaje
Las primeras palabras empiezan a tener un papel cada vez mayor.
La comprensión suele ir por delante de la capacidad para hablar.
Es posible que el niño comprenda muchas instrucciones sencillas aunque todavía utilice pocas palabras.
Señalar continúa siendo muy importante.
También aparece una enorme capacidad para imitar.
Podemos ampliar su lenguaje sin convertir la conversación en un interrogatorio.
Si dice:
“Perro”.
Podemos responder:
“Sí, es un perro grande”.
Estamos ampliando el mensaje de forma natural.
Autonomía
Aparece con fuerza el:
“Yo”.
Quiere coger la cuchara.
Ponerse los zapatos.
Abrir un cajón.
Transportar cosas.
Ayudar.
Muchas de estas acciones pueden parecernos lentas.
Pero son oportunidades magníficas para desarrollar autonomía.
Las actividades cotidianas son suficientes.
También puedes incorporar propuestas sencillas de manipulación, clasificación y vida práctica adaptadas a la edad.
Desarrollo de 2 a 3 años
Entre los dos y tres años pueden producirse grandes avances en lenguaje, movimiento e imaginación.
Y también puede aumentar el conflicto.
El niño quiere hacer muchas cosas de forma independiente, pero todavía tiene muy poca capacidad para controlar algunas emociones.
Lenguaje de 2 a 3 años
El vocabulario puede aumentar de forma importante.
Aparecen combinaciones de palabras y frases progresivamente más complejas.
El niño empieza a explicar lo que quiere, preguntar y nombrar aquello que conoce.
Leer juntos sigue siendo una actividad especialmente recomendable.
No hace falta obligarle a permanecer sentado durante media hora.
Un cuento de cinco minutos que disfruta puede ser mucho más útil.
Juego simbólico
Una caja empieza a convertirse en un coche.
Un muñeco come.
Una cuchara puede convertirse en un teléfono.
El juego simbólico aparece progresivamente y nos muestra una capacidad nueva: representar mentalmente situaciones.
No necesitamos dirigir constantemente ese juego.
Podemos observar y participar cuando nos invitan.
Emociones intensas
A esta edad aparecen las famosas rabietas infantiles con bastante frecuencia en algunos niños.
No significan necesariamente que exista un problema de conducta.
El niño está aprendiendo a gestionar frustración, espera y límites con herramientas todavía muy inmaduras.
Por eso necesita límites y acompañamiento al mismo tiempo.
Desarrollo de 3 a 4 años
A partir de los tres años el lenguaje permite mantener conversaciones cada vez más amplias.
También crece la imaginación.
Y el interés por otros niños empieza a ser más evidente.
Desarrollo del lenguaje de 3 a 4 años
Las preguntas pueden multiplicarse.
“¿Por qué?”
“¿Qué es eso?”
“¿Dónde vamos?”
“¿Qué estás haciendo?”
Puede resultar agotador.
Pero detrás de esas preguntas existe una necesidad de comprender cómo funciona el mundo.
No necesitamos conocer todas las respuestas.
Podemos decir:
“No lo sé. Vamos a descubrirlo.”
También estamos enseñando a aprender.
Desarrollo social
El juego con otros niños adquiere progresivamente más complejidad.
Aparecen turnos.
Acuerdos.
Conflictos.
Imitación.
Juegos imaginativos compartidos.
Y precisamente esos pequeños conflictos son oportunidades para aprender habilidades sociales.
No siempre tenemos que intervenir inmediatamente.
Podemos observar si tienen capacidad para resolver algunas situaciones por sí mismos.
Desarrollo motor
Corre con mayor seguridad.
Sube.
Salta.
Manipula objetos pequeños con mayor precisión.
Los dibujos también evolucionan.
Lo importante no es que dibuje algo “correctamente”.
Es que experimente con el movimiento, el espacio y diferentes herramientas.
Desarrollo de 4 a 5 años
A estas edades muchos niños muestran una gran imaginación y empiezan a comprender mejor determinadas reglas sociales.
También aumenta su autonomía en las actividades cotidianas.
Lenguaje y pensamiento
Las conversaciones son cada vez más complejas.
Puede narrar situaciones.
Inventar historias.
Explicar lo que ocurrió.
Preguntar continuamente.
Y utilizar el lenguaje durante el juego.
Empieza también a interesarse por letras, números o palabras dependiendo del niño y de su entorno.
Pero interés no significa obligación.
No es necesario convertir los cuatro años en una carrera para aprender a leer.
Desarrollo social y emocional
Las amistades empiezan a adquirir importancia.
El niño puede mostrar preferencias claras por determinados compañeros.
También comprende progresivamente cómo se sienten otras personas.
Pero esto no significa que siempre actúe teniendo en cuenta esos sentimientos.
Comprender y controlar la propia conducta son cosas diferentes.
Autonomía
Puede participar cada vez más en tareas como:
vestirse.
recoger.
preparar algunas cosas.
ayudar en la mesa.
cuidar objetos personales.
No necesitamos hacerlo todo por él simplemente porque nosotros tardamos menos.
Desarrollo de 5 a 6 años
Entre cinco y seis años suele aumentar la independencia.
El niño comprende instrucciones más complejas y puede mantener la atención durante periodos mayores cuando una actividad le interesa.
Desarrollo cognitivo
Empieza a manejar conceptos progresivamente más complejos.
Orden.
Cantidad.
Tiempo.
Reglas.
Clasificaciones.
Secuencias.
El colegio amplía muchas de estas experiencias.
Pero el juego sigue siendo importante.
Cumplir cinco años no transforma de repente al niño en un pequeño adulto.
Lenguaje
Su capacidad para narrar puede ser mucho mayor.
Explica experiencias.
Inventa historias.
Participa en conversaciones.
Utiliza estructuras más complejas.
También puede empezar a desarrollar habilidades relacionadas con la lectura y escritura.
Existe una enorme variabilidad.
Algunos niños leen palabras.
Otros todavía no.
Eso por sí solo no permite valorar todo su desarrollo.
Desarrollo emocional
Puede comprender mejor las normas y anticipar determinadas consecuencias.
Pero sigue necesitando ayuda cuando las emociones son intensas.
El autocontrol continúa desarrollándose durante muchos años.
Por eso no deberíamos confundir saber una norma con tener siempre la capacidad de cumplirla.
Cómo favorecer el desarrollo infantil sin intentar acelerarlo
Es fácil caer en una trampa.
Queremos ayudar tanto a nuestros hijos que terminamos convirtiendo cada actividad en estimulación.
Tarjetas.
Fichas.
Aplicaciones.
Actividades programadas.
Clases.
Juguetes educativos.
No todo tiene que perseguir un objetivo.
El niño necesita oportunidades para aprender.
Pero también necesita tiempo para explorar.
La OMS recomienda favorecer el aprendizaje temprano a través de interacciones sensibles y actividades adecuadas, especialmente durante los primeros años.
No habla de adelantar contenidos escolares.
Habla de interacción.
Habla con tu hijo
Explica lo que ocurre.
Escucha.
Contesta.
Pregunta.
No hace falta utilizar un lenguaje artificial.
La conversación cotidiana es suficiente.
Lee juntos
Los cuentos aportan lenguaje, conversación, imaginación y vínculo.
Podemos dejarle elegir.
Repetir el mismo cuento veinte veces también forma parte del aprendizaje.
Permite que haga cosas
Ponerse una chaqueta puede tardar una eternidad.
Servirse agua puede terminar con un charco.
Pero la autonomía requiere práctica.
Si hacemos todo nosotros porque resulta más rápido, eliminamos oportunidades.
Salid al exterior
Correr.
Trepar.
Tocar arena.
Observar insectos.
Recoger hojas.
Saltar.
La naturaleza ofrece experiencias difíciles de sustituir.
Déjale jugar
El juego es una actividad central durante la infancia.
Y no siempre necesita instrucciones.
Puede explorar libremente objetos, materiales y movimientos.
Si necesitas ideas sencillas, puedes consultar estas 10 actividades sensoriales fáciles para hacer en casa o en el aula.
Juego y desarrollo infantil
A veces los adultos decimos:
“Está solo jugando”.
Como si jugar fuera el descanso entre las cosas importantes.
Durante la infancia ocurre prácticamente lo contrario.
Jugando se practican muchas habilidades.
Movimiento.
Lenguaje.
Imaginación.
Resolución de problemas.
Negociación.
Turnos.
Planificación.
Cuando un niño intenta construir una torre y se cae, está resolviendo un problema.
Cuando juega a las tiendas, utiliza lenguaje y pensamiento simbólico.
Cuando persigue a otros niños, practica habilidades motoras y sociales.
No hace falta dirigir continuamente ese proceso.
Nuestra función puede ser ofrecer un espacio seguro, materiales adecuados y presencia.
Rutinas, autonomía y desarrollo infantil
Las rutinas también pueden favorecer la autonomía.
Cuando algunas acciones se repiten de forma reconocible, el niño empieza a saber qué viene después.
Al principio necesitamos acompañar cada paso.
Más tarde basta con recordar.
Después puede hacerlo solo.
Por ejemplo:
levantarse.
vestirse.
desayunar.
lavarse los dientes.
preparar la mochila.
La rutina convierte acciones aisladas en una secuencia conocida.
En nuestra guía sobre cómo crear una rutina diaria para niños explicamos cómo utilizar estas secuencias sin convertir el día en un horario rígido.
Desarrollo emocional infantil y límites
El desarrollo emocional no consiste en conseguir que un niño deje de enfadarse.
Enfadarse es normal.
Frustrarse también.
El objetivo es ir aprendiendo, poco a poco, qué hacer con esas emociones.
El adulto desempeña un papel importante.
Podemos reconocer:
“Estás enfadado.”
Y mantener a la vez:
“No puedes pegar.”
Las dos cosas pueden coexistir.
Validar una emoción no significa permitir cualquier conducta.
A lo largo de los primeros años, los niños necesitan límites claros y adultos capaces de ayudarles a regular situaciones que todavía les superan.
Flexibilidad y desarrollo: cuidado con las comparaciones
Dos niños de la misma edad pueden tener perfiles bastante diferentes.
Uno habla muchísimo y es prudente físicamente.
Otro trepa por todas partes y utiliza menos lenguaje.
Uno entra en cualquier grupo sin dificultad.
Otro necesita tiempo para observar antes de participar.
Es importante no confundir diferencia con problema.
Y también evitar el extremo contrario: utilizar siempre “cada niño tiene su ritmo” para ignorar dudas que merecen valoración profesional.
La flexibilidad consiste en observar al niño real que tenemos delante, no al niño que aparece en una tabla.
¿Qué son los hitos del desarrollo infantil?
Los hitos del desarrollo infantil son habilidades que la mayoría de los niños consigue realizar aproximadamente dentro de determinados rangos de edad.
Sirven como referencias para familias y profesionales.
No son diagnósticos.
Un único hito aislado que aparece algo más tarde no permite concluir que exista un trastorno.
Lo importante es valorar el conjunto del desarrollo.
Por eso, cuando tengamos una preocupación concreta, la mejor opción es comentarla con profesionales sanitarios.
Señales de alerta en el desarrollo infantil
Este apartado requiere especial cuidado.
Internet está lleno de listas que pueden alarmar fácilmente a cualquier padre.
Una señal de alerta no significa automáticamente que exista una alteración del desarrollo.
Significa que conviene valorar la situación.
Merece la pena consultar con el pediatra cuando observamos, por ejemplo:
-
pérdida de habilidades que el niño ya había adquirido;
-
dificultades persistentes para comunicarse;
-
problemas importantes de movimiento;
-
ausencia o marcada reducción de respuesta social;
-
dificultades relevantes para comprender instrucciones adecuadas a su edad;
-
diferencias que preocupan de forma continuada a la familia o a los profesionales que conocen al niño.
La pérdida de habilidades merece especial atención.
Si un niño deja de hacer algo que anteriormente realizaba con normalidad, no conviene simplemente esperar durante meses para ver qué ocurre.
¿Cuándo debemos consultar con el pediatra?
La respuesta más sencilla es:
cuando algo nos preocupa de manera persistente.
No necesitamos esperar a estar completamente seguros.
La vigilancia del desarrollo forma parte del seguimiento habitual de la salud infantil.
Podemos comentar cosas como:
“Habla bastante menos de lo que esperábamos.”
“Parece no responder cuando le llamamos.”
“Ha dejado de utilizar palabras que antes decía.”
“Tiene muchas dificultades con determinados movimientos.”
“En la escuela nos han comentado que observan algo diferente.”
El profesional decidirá si es suficiente continuar observando o si conviene realizar una valoración más específica.
Consultar pronto no significa alarmarse.
Significa obtener información.
Lo que no debemos hacer con las tablas de desarrollo
No utilizarlas para competir.
“Mi hijo caminó con diez meses.”
“El mío sabía contar antes.”
No convierten a un niño en más inteligente.
Tampoco deberíamos utilizar los hitos para entrenar constantemente aquello que creemos que “le toca” hacer.
Si una tabla indica que alrededor de una edad aparece determinada habilidad, no significa que tengamos que pasar semanas practicándola.
Los niños aprenden muchas cosas dentro de experiencias cotidianas.
Y probablemente tampoco sea buena idea revisar continuamente listas de internet buscando algo que no hace.
Las guías deberían orientarnos.
No aumentar nuestra ansiedad.
El papel del adulto en el desarrollo infantil
Podemos resumirlo en cuatro acciones.
Observar
Mirar realmente lo que hace.
Qué le interesa.
Qué le cuesta.
Qué intenta aprender.
Acompañar
Dar ayuda cuando la necesita sin hacer constantemente las cosas por él.
Responder
Escuchar sus señales.
Hablar.
Interactuar.
Consolar.
Jugar.
Dar oportunidades
Espacio para moverse.
Tiempo para jugar.
Conversación.
Cuentos.
Contacto con otras personas.
Experiencias adecuadas a su edad.
No necesitamos convertirnos en terapeutas o profesores particulares.
Somos sus adultos de referencia.
Preguntas frecuentes sobre el desarrollo infantil de 0 a 6 años
¿Todos los niños deben alcanzar los hitos a la misma edad?
No. Existen rangos y variaciones individuales. Los hitos sirven como referencias, no como fechas límite exactas. Cuando existen dudas importantes o varias habilidades no aparecen dentro de periodos esperables, conviene consultarlo con el pediatra.
¿Es malo que mi hijo no gatee?
No todos los bebés siguen exactamente la misma secuencia de desplazamiento. Algunos utilizan otras estrategias antes de caminar. Si existen otras dudas sobre su movimiento o desarrollo motor, coméntalo con el profesional que realiza su seguimiento.
¿Cuándo debe empezar a hablar un niño?
El desarrollo del lenguaje comienza mucho antes de las palabras. Gestos, sonidos, comprensión y comunicación forman parte del proceso. Existe variabilidad en el momento en que aparecen las primeras palabras y frases. Si te preocupa la comunicación de tu hijo, es preferible consultar a esperar indefinidamente.
¿Un niño de cinco años debe saber leer?
No existe una obligación biológica de que todos los niños lean a una edad concreta. El aprendizaje formal depende también del sistema educativo, de la madurez individual y de las experiencias previas. Algunos empiezan antes y otros necesitan más tiempo.
¿Cómo puedo estimular el desarrollo de mi hijo?
Habla con él, juega, lee cuentos, permite que explore, ofrécele movimiento y oportunidades para participar en actividades cotidianas. No es necesario llenar cada día de actividades dirigidas.
¿Las pantallas ayudan al desarrollo infantil?
Una pantalla no sustituye la interacción directa con adultos y niños. Para el desarrollo temprano son especialmente importantes el juego, la conversación, el movimiento y la relación con otras personas.
¿Cuándo debo preocuparme por el desarrollo?
Cuando existe pérdida de habilidades, una diferencia importante y persistente respecto a lo esperable, dificultades significativas de comunicación o movimiento, o simplemente una preocupación mantenida de la familia o los profesionales que conocen al niño. En esos casos conviene comentarlo con el pediatra.
Para terminar
El desarrollo infantil no es una lista que debamos ir tachando.
Caminar.
Hablar.
Dibujar.
Contar.
Leer.
Cada una de esas habilidades forma parte de un proceso mucho mayor.
Un niño está aprendiendo a moverse por el mundo.
A comunicarse.
A relacionarse.
A comprender lo que siente.
A tolerar que algunas cosas no salgan como quiere.
A descubrir qué puede hacer por sí mismo.
Nuestra función no es acelerar constantemente ese proceso.
Es acompañarlo.
Ofrecer oportunidades.
Observar.
Responder.
Y pedir ayuda cuando algo nos preocupa.
Los hitos del desarrollo infantil son útiles cuando nos ayudan a comprender.
Dejan de serlo cuando se convierten en una competición.
Porque el objetivo no es que nuestro hijo llegue primero.
El objetivo es que pueda crecer y desarrollarse con las oportunidades, el cuidado y el apoyo que necesita.
Bibliografía
World Health Organization. (2020). Improving early childhood development: WHO guideline. World Health Organization.
World Health Organization, UNICEF & World Bank Group. (2018). Nurturing care for early childhood development: A framework for helping children survive and thrive to transform health and human potential.
UNICEF & World Health Organization. Care for Child Development: Improving the care of young children.
UNICEF. Early Childhood Development. United Nations Children’s Fund.
Piaget, J. (1952). The Origins of Intelligence in Children. International Universities Press.

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