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10 actividades sensoriales para niños fáciles y seguras
Arena entre los dedos. Agua que pasa de un recipiente a otro. Una esponja suave. El sonido de una cuchara golpeando diferentes objetos. El olor de una naranja recién cortada.
Para un niño, muchas situaciones aparentemente sencillas son oportunidades para descubrir cómo funciona el mundo.
Y no necesitamos llenar la casa de juguetes especiales.
Muchas actividades sensoriales para niños pueden prepararse con objetos cotidianos que ya tenemos en casa o en el aula.
La idea tampoco es mantener al niño ocupado a toda costa ni convertir cada juego en una clase.
Se trata de ofrecer experiencias seguras en las que pueda tocar, observar, escuchar, comparar, moverse y experimentar.
En esta guía encontrarás 10 juegos sensoriales fáciles, pensados principalmente para niños pequeños y adaptables a diferentes edades.
Pero antes conviene entender qué buscamos realmente cuando hablamos de juego sensorial.
¿Qué son las actividades sensoriales?
Las actividades sensoriales son propuestas de juego que permiten al niño explorar utilizando uno o varios sentidos.
Los más conocidos son:
-
tacto;
-
vista;
-
oído;
-
olfato;
-
gusto.
Pero nuestro cuerpo también recibe información relacionada con el movimiento, el equilibrio y la posición corporal.
Por eso una actividad sensorial no tiene por qué consistir únicamente en tocar diferentes texturas.
Saltar.
Transportar objetos.
Caminar sobre superficies distintas.
Escuchar sonidos.
Manipular agua.
Oler alimentos.
Modelar una masa.
Todo puede formar parte de una experiencia de exploración.
La clave está en permitir que el niño participe activamente.
Juego sensorial no significa terapia sensorial
Aquí conviene hacer una distinción importante.
Una cosa es preparar juegos sensoriales para niños como actividad cotidiana.
Y otra diferente es una intervención de integración sensorial realizada por profesionales especializados.
No deberíamos utilizar una bandeja con arroz, una botella con purpurina o una caja de texturas como si fueran tratamientos para dificultades del desarrollo.
Podemos jugar con ellos.
Explorar.
Hablar.
Divertirnos.
Y si existen dificultades sensoriales significativas que interfieren con la alimentación, el vestido, el colegio, el sueño o la vida cotidiana, lo adecuado es consultarlo con los profesionales correspondientes.
¿Qué pueden aportar los juegos sensoriales?
El juego es una parte fundamental de la infancia.
La American Academy of Pediatrics destaca que las experiencias de juego apropiadas para la edad pueden favorecer oportunidades para desarrollar habilidades relacionadas con el lenguaje, la resolución de problemas, las relaciones sociales y la autorregulación.
Pero conviene expresarlo correctamente.
Una bandeja sensorial no va a conseguir por sí sola que un niño desarrolle mejor el lenguaje.
Lo interesante es lo que ocurre mientras juega.
Nos mira.
Pregunta.
Nombra.
Compara.
Prueba.
Se equivoca.
Vuelve a intentar.
Y nosotros podemos acompañar ese proceso.
Por ejemplo:
“Esta esponja está seca.”
“Ahora está mojada.”
“Esta pesa más.”
“Escucha qué sonido hace.”
El aprendizaje aparece dentro de la experiencia.
Antes de empezar: una cuestión importante de seguridad
Con los niños pequeños, una actividad divertida puede convertirse rápidamente en un riesgo si utilizamos materiales inadecuados.
Por eso aplicaría una regla sencilla:
cuanto más pequeño sea el niño, más grandes y simples deben ser los materiales.
Evita especialmente:
-
piezas pequeñas que puedan introducirse en la boca;
-
botones, monedas o cuentas;
-
globos y fragmentos de globos;
-
imanes pequeños;
-
pilas de botón;
-
recipientes que puedan romperse;
-
productos tóxicos;
-
objetos puntiagudos;
-
alimentos que supongan riesgo de atragantamiento según la edad.
Y recuerda algo importante: estar en la misma habitación no siempre significa supervisar.
En las actividades para los más pequeños debemos estar realmente pendientes de lo que hacen.
Dicho esto, vamos con las ideas.
1. Caja de texturas
Es probablemente una de las actividades sensoriales caseras más fáciles de preparar.
Necesitas una caja o cesta y diferentes objetos grandes con texturas variadas.
Por ejemplo:
-
una esponja;
-
una cuchara de madera;
-
un trozo grande de tela suave;
-
un cepillo blando;
-
una pelota texturizada adecuada a su edad;
-
un paño;
-
un objeto metálico grande y seguro.
Deja que el niño explore libremente.
Podemos acompañarlo con preguntas sencillas:
“¿Cuál es más suave?”
“¿Cuál está frío?”
“¿Este raspa o es blandito?”
No necesitamos que responda correctamente.
La pregunta simplemente dirige su atención hacia determinadas características.
Para niños más pequeños
Evita cualquier elemento pequeño o que pueda desprenderse.
No hace falta taparle los ojos. Para un niño pequeño, simplemente tocar y observar ya es suficiente.
Para niños mayores
Podemos colocar tres o cuatro objetos dentro de una bolsa opaca y pedirles que intenten reconocerlos únicamente mediante el tacto.
Esto añade un componente de lenguaje, memoria y comparación.
2. Pintura con las manos
Pintar con las manos es una experiencia sencilla que combina color, movimiento y textura.
Utiliza pintura infantil lavable, no tóxica y apropiada para la edad.
Coloca una pequeña cantidad sobre una superficie grande de papel y deja espacio para experimentar.
No hace falta pedir:
“Dibuja una casa.”
Podemos dejar que explore:
mezclar colores;
hacer líneas;
apretar la mano;
deslizar los dedos;
marcar la palma.
Para niños que todavía se llevan constantemente las manos a la boca, utiliza únicamente materiales expresamente adecuados para esa etapa y mantén una supervisión directa.
Una alternativa sin pintura
Si no quieres utilizar pintura, puede jugar con agua sobre una bandeja o pintar con un pincel grueso mojado en agua sobre una pizarra o superficie exterior apropiada.
El objetivo sigue siendo experimentar con el movimiento y observar cambios.
3. Trasvases de agua
Pocas actividades ofrecen tanto con tan poco.
Necesitamos:
-
un recipiente amplio con poca agua;
-
dos o tres vasos de plástico;
-
una cuchara grande;
-
una esponja.
Y, si estamos en casa, probablemente una toalla cerca.
El niño puede:
llenar;
vaciar;
apretar la esponja;
transportar agua;
comparar recipientes.
Podemos introducir palabras como:
lleno;
vacío;
más;
menos;
mojado;
seco.
Para los más pequeños utiliza poca cantidad de agua y supervisión constante.
Un niño pequeño nunca debe quedarse solo con recipientes de agua, aunque parezcan poco profundos.
4. Camino de texturas
Esta actividad permite explorar con los pies y con todo el cuerpo.
Coloca en el suelo diferentes superficies estables.
Por ejemplo:
-
una toalla;
-
una alfombrilla;
-
una esterilla;
-
césped artificial;
-
una superficie de goma;
-
una manta.
El niño puede caminar descalzo si resulta seguro y cómodo.
“Esta está suave.”
“Esta pincha un poquito.”
“Esta está fría.”
No necesitamos obligarlo a pisar una textura que no le gusta.
Puede tocarla primero con la mano o simplemente observar.
Podemos convertirlo en circuito
Para niños algo mayores podemos añadir:
caminar;
saltar;
pararse sobre un pie;
rodear un cojín;
pasar por encima de una línea.
Así combinamos exploración sensorial con movimiento.
5. Bandeja de naturaleza
Una excursión al parque puede continuar después en casa.
Durante el paseo podemos recoger, siempre que esté permitido:
-
hojas grandes;
-
piñas grandes;
-
piedras suficientemente grandes para no suponer riesgo;
-
ramitas;
-
cortezas caídas.
Después las colocamos sobre una bandeja.
Podemos observar:
colores;
formas;
peso;
texturas;
olores.
Una lupa infantil puede añadir interés para niños mayores.
Esta propuesta funciona especialmente bien cuando dejamos que el niño participe desde el principio.
No somos nosotros quienes preparamos “la actividad”.
La experiencia empieza buscando los materiales.
Si quieres entender mejor por qué el juego y la exploración son importantes en estas edades, puedes consultar nuestra guía sobre desarrollo infantil de 0 a 6 años.
6. Sonidos cotidianos
No necesitamos instrumentos musicales.
La casa está llena de sonidos.
Podemos utilizar objetos seguros como:
-
una cuchara de madera;
-
una caja de cartón;
-
un recipiente metálico grande;
-
dos bloques de madera;
-
una botella sensorial completamente sellada y diseñada de forma segura para la edad.
Probamos diferentes sonidos.
Fuerte.
Suave.
Rápido.
Lento.
Podemos imitar ritmos sencillos.
Dos golpes.
Pausa.
Un golpe.
Y dejar que el niño nos copie.
Después cambiamos los papeles.
Él crea el ritmo.
Nosotros imitamos.
Es una actividad muy sencilla que también genera interacción.
7. Masa casera para modelar
Apretar, estirar, dividir y unir una masa ofrece muchas posibilidades de manipulación.
La opción más sencilla es utilizar una plastilina comercial adecuada a la edad.
Para niños mayores podemos acompañarla con:
-
rodillos infantiles;
-
cortadores grandes;
-
cucharas;
-
moldes sencillos.
No necesitamos construir nada concreto.
El simple hecho de manipular ya forma parte del juego.
Podemos introducir conceptos:
grande;
pequeño;
largo;
corto;
redondo;
plano.
Importante
Si el niño todavía se lleva materiales a la boca, comprueba cuidadosamente la edad recomendada y las instrucciones del fabricante.
Que un producto sea “casero” no significa automáticamente que sea seguro para comer.
8. Búsqueda de colores
Esta actividad no ensucia nada.
Elegimos un color.
Por ejemplo:
“Vamos a buscar cosas amarillas.”
Y recorremos la habitación o el aula buscando objetos.
Un cojín.
Una pieza.
Un dibujo.
Una prenda.
Después cambiamos de color.
Para niños mayores podemos complicarlo:
“Busca algo rojo y suave.”
“Encuentra algo azul y redondo.”
Estamos combinando observación, lenguaje y clasificación dentro de un juego muy sencillo.
Y lo mejor es que no necesitamos preparar absolutamente nada.
9. Bolsa misteriosa
Coloca dentro de una bolsa de tela varios objetos cotidianos grandes y seguros.
Por ejemplo:
-
una pelota;
-
una cuchara grande;
-
un cepillo;
-
un coche de juguete de tamaño adecuado;
-
una pieza grande de construcción.
El niño introduce la mano sin mirar e intenta averiguar qué objeto está tocando.
Podemos preguntar:
“¿Es duro?”
“¿Tiene ruedas?”
“¿Es redondo?”
Después lo saca y comprueba si tenía razón.
No pasa nada si falla.
Precisamente ahí está parte de la gracia.
Con niños pequeños, los objetos deben ser suficientemente grandes y la actividad debe hacerse siempre acompañados.
10. Pintura con los pies
Esta es probablemente la actividad más complicada de limpiar.
Pero también puede resultar muy divertida.
Colocamos un papel grande en el suelo y utilizamos una pequeña cantidad de pintura infantil lavable y no tóxica.
El niño puede dejar huellas con los pies.
Caminar.
Pararse.
Comparar tamaños.
Observar cómo se mezclan los colores.
Podemos hacerlo en una terraza o espacio exterior para simplificar la limpieza.
No todos los niños disfrutarán
Y eso es importante.
Algunos niños no quieren mancharse las manos.
Otros odian pisar pintura.
No necesitamos insistir.
Podemos ofrecer un pincel, una esponja o simplemente otra actividad.
Una experiencia sensorial debería invitar a explorar.
No obligar a soportar una sensación desagradable.
Actividades sensoriales según la edad
Las edades son orientativas.
Más importante que mirar únicamente el número de años es observar qué hace el niño con los objetos y si todavía se los lleva a la boca.
Actividades sensoriales para bebés
Con bebés debemos simplificar muchísimo.
Podemos utilizar:
-
telas grandes con diferentes texturas;
-
objetos seguros diseñados para manipulación infantil;
-
agua durante el baño con el adulto presente;
-
canciones;
-
movimiento;
-
juegos de esconder y aparecer;
-
exploración de objetos cotidianos específicamente seguros para su edad.
No necesitan bandejas llenas de arroz, botones o pequeñas piezas.
Cuanto más pequeño sea el niño, menos materiales necesitamos.
Actividades sensoriales de 1 a 2 años
Empieza a aumentar enormemente su capacidad de desplazamiento y manipulación.
Funcionan bien:
agua;
esponjas;
objetos grandes;
telas;
cajas;
movimiento;
pintura apropiada;
juegos de introducir y sacar objetos grandes.
Si buscas otras propuestas para esta etapa, también puedes consultar los mejores juguetes Montessori para niños de 1 año, donde explicamos qué características tienen los materiales sencillos orientados a la manipulación y la autonomía.
Actividades sensoriales para niños de 2 a 3 años
Podemos introducir propuestas con algo más de intención:
clasificar;
trasvasar;
modelar;
buscar colores;
imitar sonidos;
hacer pequeños circuitos.
Pero todavía requieren mucha supervisión.
Actividades sensoriales para niños de 3 a 6 años
Aquí aparecen muchas más posibilidades.
Podemos convertir las experiencias en pequeños retos:
reconocer objetos sin mirar;
clasificar materiales;
crear ritmos;
predecir;
comparar;
describir;
crear circuitos.
El niño puede participar además en la preparación y recogida.
Eso también forma parte de la actividad.
Cómo preparar actividades sensoriales sin gastar dinero
No hace falta comprar una “mesa sensorial”.
Ni veinte accesorios.
Ni un juguete anunciado como educativo.
Antes de comprar, mira a tu alrededor.
Una esponja.
Agua.
Una caja de cartón.
Telas.
Una cuchara.
Un recipiente.
Hojas del parque.
Papel.
Pintura infantil.
Ya tenemos material de sobra.
En muchos casos el valor no está en el objeto.
Está en lo que hacemos con él y en la interacción que aparece durante el juego.
¿Debemos dirigir la actividad?
Depende.
Podemos explicar brevemente:
“Tenemos agua y estos recipientes. Puedes probar.”
Y observar.
Si el niño empieza a experimentar por sí mismo, no necesitamos intervenir constantemente.
A veces los adultos hacemos demasiadas preguntas.
“¿De qué color es?”
“¿Cuántos hay?”
“¿Qué forma tiene?”
“¿Y esto cómo se llama?”
Si cada minuto del juego contiene una pregunta, puede empezar a parecer un examen.
Podemos comentar en lugar de preguntar.
“Has llenado el vaso hasta arriba.”
“Ese objeto hace un sonido muy fuerte.”
“Has mezclado los dos colores.”
Esto mantiene la conversación sin exigir una respuesta todo el tiempo.
¿Y si mi hijo no quiere tocar algo?
No pasa nada.
No todos los niños disfrutan de las mismas sensaciones.
Uno puede pasar media hora jugando con barro.
Otro puede tocarlo una vez y querer lavarse las manos inmediatamente.
No tenemos que obligarle “para que se acostumbre”.
Podemos ofrecer alternativas.
Una pala.
Un pincel.
Guantes apropiados.
Otra textura.
O simplemente otra actividad.
Si el rechazo a determinadas sensaciones es muy intenso, aparece en muchas situaciones y dificulta actividades cotidianas como vestirse, comer, lavarse o asistir al colegio, entonces sí puede tener sentido comentarlo con un profesional sanitario.
Juego sensorial y regulación emocional
En internet es frecuente leer que determinadas actividades sensoriales “calman” automáticamente a los niños.
No es tan sencillo.
Una actividad puede resultar relajante para un niño y muy estimulante para otro.
Incluso para el mismo niño puede ser diferente dependiendo del día.
Una botella para observar puede gustarle.
Jugar con agua puede mantenerle concentrado.
Amasar puede resultarle agradable.
Pero no deberíamos presentar estos recursos como una solución universal para las rabietas o la desregulación emocional.
Cuando un niño está enfadado necesita algo más que un objeto.
Necesita un adulto que pueda acompañar la situación y mantener los límites necesarios.
En Educar sin gritar: cómo poner límites a los niños con calma y firmeza hablamos precisamente de cómo actuar en esos momentos.
Incorporar el juego sensorial a la rutina sin complicarnos
No necesitamos organizar una actividad nueva cada tarde.
De hecho, intentar hacerlo probablemente terminará cansándonos.
Podemos aprovechar situaciones que ya existen.
Durante el baño:
agua y recipientes.
En el parque:
arena, hojas y piedras.
Mientras cocinamos:
olores, colores y alimentos, siempre dentro de lo seguro.
Al recoger:
clasificar.
Al vestirnos:
texturas.
Durante un paseo:
sonidos.
La vida cotidiana ya está llena de información sensorial.
Y cuando las actividades forman parte de momentos habituales resulta mucho más fácil mantenerlas.
Si necesitas ideas para organizar esos momentos sin convertir la vida familiar en un horario, puedes consultar nuestra guía sobre cómo crear una rutina diaria para niños.
Actividades sensoriales en el aula
Estas propuestas también pueden adaptarse fácilmente a una escuela infantil o aula de Educación Infantil.
Algunas ideas:
crear un rincón de texturas;
hacer recorridos de movimiento;
explorar materiales naturales;
trabajar sonidos;
utilizar bandejas de agua;
pintar con diferentes herramientas;
clasificar objetos por características.
En grupo debemos prestar todavía más atención a los materiales.
Un elemento que puede ser apropiado para un niño de determinada edad deja de serlo si hay en el mismo espacio niños más pequeños que pueden acceder a él.
También conviene evitar obligar a todos a participar de la misma manera.
Un niño puede observar primero.
Otro querrá tocar inmediatamente.
Ambas respuestas pueden formar parte de la actividad.
Errores frecuentes con las actividades sensoriales
Utilizar demasiados materiales
Más no significa mejor.
Una bandeja con quince tipos diferentes de objetos puede resultar menos interesante que tres materiales bien elegidos.
Buscar constantemente un resultado
No necesitamos terminar con una manualidad bonita.
El proceso puede ser suficiente.
Corregir la forma de jugar
Si estamos haciendo trasvases y el niño empieza a utilizar la esponja de una manera diferente pero segura, no pasa nada.
Está explorando.
Comprar todo hecho
Las actividades más sencillas suelen necesitar muy poco.
Obligar a tocar
Si una textura genera rechazo, podemos respetarlo.
Confundir juego con terapia
Una actividad casera puede ser divertida y enriquecedora, pero no sustituye la valoración o intervención de un profesional cuando existe una dificultad del desarrollo.
Utilizar materiales pequeños porque quedan bonitos
Las fotografías de bandejas sensoriales llenas de cuentas, garbanzos, bolitas o piezas pequeñas pueden resultar llamativas.
Eso no significa que sean adecuadas para niños pequeños.
La seguridad siempre está por encima de la estética de la actividad.
Preguntas frecuentes sobre actividades sensoriales para niños
¿Qué es una actividad sensorial infantil?
Es una propuesta de juego que permite explorar mediante sentidos como el tacto, la vista, el oído o el olfato, y también mediante el movimiento y la posición corporal. Puede ser tan sencilla como jugar con agua o caminar sobre superficies diferentes.
¿A qué edad pueden hacerse actividades sensoriales?
Desde los primeros meses existen experiencias sensoriales adecuadas, pero los materiales deben adaptarse cuidadosamente a la edad. Un bebé necesita propuestas mucho más sencillas y seguras que un niño de cinco años.
¿Las actividades sensoriales ayudan al desarrollo infantil?
El juego apropiado para la edad ofrece oportunidades para practicar movimiento, lenguaje, exploración, interacción y resolución de problemas. No obstante, una actividad concreta no garantiza por sí sola un determinado resultado del desarrollo.
¿Qué actividades sensoriales puedo hacer sin comprar materiales?
Agua y recipientes, búsqueda de colores, diferentes telas, sonidos de objetos cotidianos, hojas del parque, pintura con agua o pequeños circuitos de movimiento son algunas posibilidades.
¿El arroz y las legumbres son buenos para una bandeja sensorial?
Pueden utilizarse con determinados niños mayores y bajo supervisión, pero son objetos pequeños y no resultan adecuados para niños que puedan llevárselos a la boca. Para los más pequeños es preferible utilizar objetos grandes.
¿Las botellas de la calma realmente calman a los niños?
No necesariamente. A algunos niños les puede resultar agradable observarlas y a otros no. No deberían utilizarse como una herramienta universal para tratar rabietas o dificultades de regulación.
¿Qué hago si mi hijo no soporta determinadas texturas?
No le obligues. Puedes ofrecer otras formas de explorar o simplemente otra actividad. Si las dificultades sensoriales son muy intensas y afectan de manera significativa a actividades cotidianas, consulta con un profesional sanitario.
¿Cuánto debe durar una actividad sensorial?
No existe un tiempo obligatorio. Si el niño pierde el interés después de cinco minutos, la actividad puede darse por terminada. Si continúa jugando de forma segura durante más tiempo, podemos dejarle explorar.
Para terminar
Las actividades sensoriales para niños no necesitan ser complicadas.
Ni caras.
Ni perfectas.
No necesitamos preparar cada tarde una bandeja digna de una fotografía en redes sociales.
A veces basta con agua y dos vasos.
Una caja con tres objetos.
Una caminata por el parque.
Pintura.
Una esponja.
Un trozo de tela.
Lo importante es ofrecer oportunidades seguras para explorar.
Y permitir que el niño haga lo que los niños llevan haciendo siempre:
tocar.
mover.
mirar.
probar.
preguntar.
equivocarse.
volver a intentarlo.
Y jugar.
Bibliografía
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